Jesús
Ibáñez se enfrenta
con los temas desde un punto de vista muy
personal, y lo hace despojándolos de
artificio o afectación, utilizándolos
para expresar su propio mundo. Con frecuencia
son mas un pretexto que un fin en sí.
Su mirada incide a menudo en composiciones
totalmente frontales en las que el motivo
del cuadro cobra una trascendencia e intensidad
especiales. Esta frontalidad tiene su origen
en aquellos cuadros y dibujos suyos de los
setenta, tan misteriosos y complejos.
A lo largo de estos años
su obra se ha ido abriendo a la luz
y a los espacios libres,
enriqueciéndose en color y luminosidad,
aunque siempre siendo una constante en ella
elementos que eran fundamentales en su primera
época, los setos recortados, los
muros de ladrillo invadidos de vegetación,
las rejas que encierran jardines, fachadas
y medianerías descarnadas, que cohabitan
con las playas y cielos que han visto sus
ojos.
Concretamente
en esta exposición
hay varios cuadros que han surgido tras
alguna de sus estancias en el norte
de España como "Estación
de Abando", "Muro
de Zumárraga" o toda
la serie con temas de Comillas
y su entorno.
Son
cuadros cargados de un ambiente mas umbrío
y melancólico, muy distinto al de
las playas y paisajes luminosos de una belleza
mas bien desordenada, de su Levante
natal, tan frecuente en su producción
de los últimos años. |